La partida de Marcelo Araujo, a los 78 años, golpeó fuerte al periodismo deportivo argentino. El histórico relator atravesaba un cuadro de salud delicado en los últimos días y perdió la vida tras contraer neumonía, mientras permanecía internado en el Hospital Italiano. Pero, ¿Cómo construyó su legado en los micrófonos?
Su deterioro venía de arrastre. En los últimos años había enfrentado complicaciones importantes, entre ellas un cuadro grave de Covid-19 en 2021 que lo mantuvo durante meses en recuperación. En este último tiempo residía en un geriátrico, donde su estado general se había ido debilitando progresivamente. Murió el lunes 16 de marzo.
El periodista, cuyo nombre real era Lázaro Jaime Zilberman, fue mucho más que una voz reconocible: fue uno de los grandes narradores del balompié albiceleste. Durante décadas construyó un estilo propio, inconfundible, que lo convirtió en una referencia tanto para colegas como para generaciones enteras de hinchas.
Los inicios y recorrido de Marcelo Araujo
Nacido en Villa Crespo en 1947, Araujo empezó a consolidarse en los medios a partir de los años 80, hasta transformarse en una figura central de la televisión deportiva. Su gran salto llegó con “Fútbol de Primera", ciclo que condujo durante más de 15 años y donde formó una dupla histórica con Enrique Macaya Márquez.
Ese programa no solo marcó una época, sino que también cambió la forma de consumir fútbol en la Argentina. Él le puso ritmo, emoción y una impronta mucho más cercana al hincha. Luego continuó su carrera en distintos proyectos, incluyendo su paso por la TV Pública y su rol destacado en “Fútbol para Todos", donde volvió a posicionarse como una de las voces principales del país.
Como si fuera poco, su trayectoria incluyó coberturas internacionales de peso, como Copas del Mundo, Copa Libertadores y Eliminatorias, llevando su estilo a distintas audiencias de Latinoamérica.
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Las frases icónicas de Marcelo Araujo
Si algo definió a Marcelo fue su capacidad para transformar momentos en recuerdos imborrables. Su forma de relatar no era neutra, más bien era pasional, espontánea y muchas veces impredecible. De ahí nacieron frases que todavía hoy siguen circulando entre los hinchas.
“¿Estás crazy, Macaya?”, “¡Te lo devoraste!” o “¡Sharaaappp que se viene el gol!” son apenas algunos ejemplos de un repertorio que mezclaba humor, tensión y emoción. Muchas de estas expresiones surgían en vivo, sin filtro, lo que las hacía todavía más auténticas.
Incluso en situaciones límite, como goles errados o decisiones arbitrales polémicas, su reacción lograba conectar con lo que sentía el espectador del otro lado. Ese vínculo fue clave para construir su legado. O uno de sus más reconocidos comentarios, en un mítico gol de Martín Palermo: “776.420 la recaudación para una nueva edición del Superclásico del Fútbol Argentino... Marteeeeeeen; gol. Gooooooooool”
Su don para crearle apodos a los futbolistas y legado
Más allá de las frases, el locutor también influyó en la manera de contar el fútbol. Introdujo apodos que trascendieron, como “El Burrito” para Ariel Ortega o “El Torero” para Juan Román Riquelme, aportando una narrativa más rica y cercana. Su legado no se mide solo en años de carrera, sino en el impacto cultural que generó. Relató momentos icónicos, como goles de la Selección Argentina o Superclásicos inolvidables, y logró que cada transmisión tuviera su sello personal.
