Desde las primeras horas de la mañana las calles de la perla tapatía se pintaron de verde. Las inmediaciones del Estadio Guadalajara se transformaron en una fiesta llena de color con la presencia de miles y miles de aficionados, no solo de México, sino también de Corea del Sur, una comunidad muy basta en la capital jalisciense, las cuales dejaron una jornada muy pintoresca, llena de color, música y pasión.
Sombreros de charro, banderas tricolores y rostros pintados con los colores nacionales inundaron el Estadio Guadalajara. Desde las 9 de la mañana los fanáticos se dieron cita en este inmueble que lucía majestuoso, imponente, pletórico.
Desde familias completas hasta uno que otro perdido arribaron acompañados de tambores, trompetas y cánticos que se escuchaban a metros de distancia. El tradicional grito de apoyo al Tricolor resonó constantemente, creando un ambiente festivo que contagió a locales y visitantes.
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Por su parte, los aficionados surcoreanos también llamaron la atención por su energía y organización. Vestidos mayoritariamente de rojo, color emblemático de los “Guerreros Taeguk”, recorrieron las explanadas del estadio ondeando sus banderas y entonando canciones de apoyo a su selección.
La convivencia y la buena vibra entre ambas aficiones destacó en el Estadio Guadalajara y sobre todo mostró que el futbol es fuente de unión y cosas positivas
En diferentes puntos del estadio la seguridad era a detalle, tres anillos para ingresar al inmueble y diversas revisiones, además d ella presencia de la Guardia Nacional, hacían sentir un ambiente de confianza y seguridad a todos los asistentes.
El espectáculo continuó en las tribunas. El verde mexicano crearon un mosaico vibrante que adornó cada sector del inmueble y aunque la selección jugó de negro, los colores tradicionales predominaron en todo el inmueble.
Es así como el Estadio Guadalajara fue escenario perfecto, no solo, de una actuación histórica de la selección azteca, sino también de una celebración de color, euforia, pasión que invadió al país entero.