La Copa Mundial 2026 no solamente ha dado protagonismo a las estrellas en la cancha, sino también a aficionados que han brillado por sus peculiares maneras de apoyar a sus selecciones, aunque quien más ha llamado la atención por diferencia es Lumumba Vea, hincha de la República Democrática del Congo que recién ayer hizo acto de presencia en el Estadio Guadalajara.
El encuentro entre la Selección de Colombia y el cuadro representativo de la nación africana contó con el acompañamiento de su aficionado más leal, quien al igual que en el resto de los partidos que asiste, realiza un peculiar acto de protesta: quedarse quieto por los 90 minutos de juego con vestimenta y pose que recuerdan al exprimer ministro de RD del Congo, Patrice Lumumba.
Michel Nkuka Mboladinga, nombre de nacimiento del intérprete, fue recibido con apoyo por parte de los fans mexicanos que no dudaron en gritar a favor de su nación, además de tomarse fotos con él, a las cuales accedió con una sonrisa a pesar de estar rodeado de un equipo de seguridad.
De África para el mundo
El personaje de la vida real cobró alta relevancia cuando imágenes de sus actuaciones como estatua comenzaron a circular durante la celebración de la más reciente Copa Africana, y en cuanto se supo que los congoleños formarían parte del certamen mundialista, las miradas alrededor del globo se centraron en buscar al hombre durante los compromisos del equipo.
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Para su desgracia, tanto problemas con el proceso de visado como una cuarentena forzada por el no tan lejano brote de ébola forzaron a la figura a perderse el primer choque con Portugal, pero después de asistir a la justa con los colombianos, ahora también se espera que se presente ante Uzbekistán.
Las poses del día: un acto de protesta
Aunque su manera de posar más tradicional es simplemente con un brazo arriba, en esta ocasión decidió llevar la apuesta mucho más arriba, pues uno de los gestos que realizó no fue otro sino taparse la boca con una mano y colocar índice y dedo medio de su otro brazo justo en la cien de la cabeza.
El acto es sumamente simbólico, pues representa la censura y la tortura que padeció la figura política a quien rinde homenaje, y cuya vida terminó de manera desafortunada en la década de los sesenta, cuando peleaba por la independencia de su nación con respecto a Bélgica y Estados Unidos.
