El futbol suele recompensar en grande a aquellos que hacen los máximos esfuerzos tanto en la cancha como fuera de ella, y ese es el caso de Orlando Gill, portero de la Selección de Paraguay que pasó de hacer múltiples sacrificios por su hijo a ser el responsable de la eliminación de Alemania en la Copa Mundial 2026.
El también guardameta del San Lorenzo de Almagro en Argentina se convirtió en uno de los grandes héroes de la plantilla del director técnico Gustavo Alfaro, luego de detener no uno, sino dos de los intentos de los germanos por eliminarles de la fase de dieciseisavos de final.
Aunque ahora su nombre le ha dado la vuelta al mundo gracias a su coraje bajo los tres palos, la realidad es que ya tiene un amplio historial detrás que lo muestra como un hombre dispuesto a todo con tal de cumplir sus metas, incluida la de mantener a su hijo Lautaro, quien apenas lleva cuatro años de nacido.
Que a él no le falte la ropa
Fue la propia esposa del cancerbero paraguayo, Melissa Ávalos, quien compartió en entrevistas y en sus redes sociales no solamente sus mejores deseos para su pareja, sino también la historia de esfuerzo que realizó cuando el bebé llegó al mundo en pleno periodo de crecimiento profesional para el futbolista.
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Cuando Lauti nació y no teníamos nada y Orlando vendía sus prendas del club donde jugaba en ese entonces, para poder solventar los gastos. Nuestro hijo luchó por su vida y su papá siempre estuvo.
De los primeros uniformes de cuando el arquero hizo su irrupción en el balompié no quedó mucho, pues de acuerdo con ella, puso en venta hasta la camiseta que portó como integrante de la Selección Sub-20 con tal de tener dinero para mantener al pequeño, junto con varios artículos personales más. Hoy, ese pasado no podría ubicarse más atrás en la línea emocional.
Cuatro años después, el histórico mundialista
"Las Águilas" arribaron a su compromiso con el cuadro de la CONMEBOL con una herida abierta: la derrota improbable ante Ecuador en la fase de grupos. Los muchachos de "la Albirroja" supieron capitalizar su ventaja para mantener el empate en el periodo regular y en los tiempos extra para irse a los penales.
Las estrellas dirigidas por el entrenador Julian Nagelsmann no dieron crédito a sus ojos cuando sus compañeros Kai Havertz y Nick Woltemade fueron detenidos en seco por Gill, que fue pieza clave para una ocasión histórica: por primera vez desde que se celebra la Copa del Mundo, los alemanes perdieron una tanda de penales.
