Hay historias en el futbol que van más allá de una simple pasión, como es la que comparten Armando “Hormiga” González y Mateo Chávez, quienes desde los cinco años se volvieron amigos y recorrieron todo el camino hasta debutar en la Liga MX con las Chivas y lograr su sueño de jugar en un Mundial.
Desde pequeños, ambos seleccionados nacionales iniciaron su aventura en el balompié en una escuela de Aguascalientes, que era parte de las filiales de los Rayos del Necaxa, donde el padre de Mateo formaba parte en ese entonces del equipo de la Primera División, y Armando por negocios familiares.
Tiempo después, ambos se reencontraron en las Fuerzas Básicas del Rebaño Sagrado, donde Chávez se incorporó a las filas en 2017, y la “Hormiga” un año después, a la Sub-13 y Sub-15, respectivamente, donde comenzaron a labrar su historia en las instalaciones de Verde Valle.
“Hormiga” González y Mateo Chávez debutan en Chivas
Luego de que ambos coincidieron en la Sub-17 y conseguir el título con la Sub-23, ambos continuaron juntos su avance hasta debutar en la Liga MX en enero de 2024, cuando Fernando Gago estaba al frente de las Chivas, y su amistad siguió intacta hasta la Primera División.
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Sin embargo, fue Mateo Chávez el primero del dúo en dar el salto a Europa, donde actualmente juega con el AZ Alkmaar en la Eredivisie. Pero la distancia no ha logrado que pierdan su relación, ya que ahora ambos volverán a jugar juntos con la Selección Mexicana en el Mundial 2026, a la espera de que se confirmen o desmientan los rumores de que la “Hormiga” podría jugar pronto en el viejo continente.
Mateo Chávez y “Hormiga” González rinden homenaje a sus padres en su debut
Además de la gran amistad que sostienen desde hace más de 15 años, ambos jugadores tuvieron un gran gesto cuando debutaron con Chivas en la Liga MX, en el Clausura 2014, donde la “Hormiga” González portó el dorsal 34, y Mateo el 50, números que sus padres utilizaron cuando jugaron con los rojiblancos.
Armando González Bejarano, debutó en la temporada 1988-1989 con la escuadra jalisciense, donde utilizó el número 34 en su jersey, mientras que Paulo César Chávez llegó a la máxima categoría del balompié nacional en 1993, con el número 50 en su espalda. Aunque actualmente ya no utilizan esos dorsales, fue un reconocimiento a sus padres que hasta el día de hoy recuerdan con orgullo.