Mundial 2026

Una ola verde invade el Estadio Ciudad de México en una histórica noche

A pesar de un duelo complicado para el tricolor en el primer tiempo, el ánimo no decayó en las gradas hasta que cayeron los goles de Mateo Chávez, Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo.

Una ola verde invade el Estadio Ciudad de México en una histórica noche
Cerca de 80 mil espectadores vivieron una noche única en el recinto capitalino. Foto: Daniel Ojeda

La pasión por una Copa del Mundo como local volvió a sentirse en cada rincón del Estadio Ciudad de México y eso se acrecentó el sentimiento ahora que la Selección Mexicana, por primera vez en la historia, hiló tres victorias en Fase de Grupos de una Copa del Mundo. Ante un total de 80 mil 824 asistentes Mexico venció 3-0 a República Checa.  

Desde horas antes del silbatazo inicial, la casa de la selección mexicana comenzó a transformarse en una auténtica fiesta tricolor, con miles de aficionados que llegaron con la ilusión de vivir una noche histórica durante el tercer partido de fase de grupos del Mundial 2026.

La espera comenzó mucho antes de que el balón rodara. Siete horas antes del encuentro ante República Checa, algunos seguidores ya aguardaban en los alrededores del inmueble para ser parte del ambiente, para sentir la emoción de recibir nuevamente una Copa del Mundo en territorio mexicano y para acompañar al equipo nacional en su tercer compromiso del torneo.

La amenaza de lluvia estuvo presente desde las seis de la tarde, pero ni las nubes, ni la humedad,  ni la posibilidad de una tormenta lograron detener la emoción de poder compartir entre amigos, entre familia, una participación más de México en una Copa Mundial. 

Poco a poco, las tribunas y los alrededores del estadio comenzaron a pintarse de verde, blanco y rojo. Rostros pintados, pelucas tricolores, sombreros, máscaras y banderas mexicanas dieron forma a una postal que reflejaba la expectativa de una afición que esperaba con ansias volver a ver al Tri en casa, verlo ganar. 

La presencia de aficionados checos fue reducida frente a la marea mexicana. La comparación fue inevitable: el Estadio Ciudad de México parecía estar cubierto por una ola verde que avanzaba desde las gradas y que hacía sentir la condición de local de la selección nacional.

El tercer partido de fase de grupos tenía un significado especial para los seguidores mexicanos. No era solamente un encuentro más del calendario; era la oportunidad de vivir el ambiente del tercer Mundial organizado en México y de acompañar a su selección en una posición inmejorable, pues arrancó con dos victorias e hiló la tercera gracias a los tantos de Mateo Chávez (54’), Julián Quiñónez (60’) y Álvaro Fidalgo (90+3).  

Al 72’ cerca del final del encuentro los aficionados hicieron un intento porque Javier Aguirre cambiara de opinión y dejara jugar unos minutos al Guillermo Ochoa y al 77’ el sueño se hizo realidad. Su entrada al campo desató un grito ensordecedor y no era menor, empató con Héctor Moreno y Javier Hernández como el jugador mexicano con 12 encuentros. 

La afición llegó incluso con sus propias versiones de la alineación titular. En las horas previas, las conversaciones giraban alrededor de quiénes debían iniciar el partido y qué jugadores podían marcar diferencia. Algunos pedían el regreso de Guillermo Ochoa a la portería, mientras otros defendían que el arco continuara en manos de Tala Rangel para que pudiera cumplir con la responsabilidad del encuentro.

Durante la presentación de los equipos, algunos futbolistas recibieron una ovación especial. Julián Quiñones y Gil Mora fueron de los nombres que más hicieron vibrar a las tribunas cuando fueron anunciados, en medio de gritos y aplausos que aumentaron la energía dentro del estadio.

La ceremonia previa también tuvo un momento espectacular con la participación de la Secretaría de la Defensa Nacional. Dos sobrevuelos acompañaron la fiesta: primero, tres aviones dejaron una estela con los colores verde, blanco y rojo en el cielo; posteriormente, dos helicópteros ondearon la bandera mexicana como parte del espectáculo previo al encuentro.

Desde el primer minuto, el estadio dejó claro que México no solo eran los 11 de la cancha, estaban acompañados. Cada posesión de República Checa fue recibida con abucheos, mientras cada recuperación, avance o aproximación del conjunto tricolor era acompañada por miles de voces. Cada llegada al área rival provocaba que las gradas se levantaran, buscando empujar al equipo hacia el resultado esperado.

La afición brilló en el Estadio Ciudad de México. Foto: Daniel Ojeda.

El Estadio Ciudad de México no solo fue sede de un partido de Mundial; fue escenario de una manifestación de identidad, ilusión y orgullo futbolístico. 

Una noche en la que la afición mexicana volvió a demostrar que, cuando el Tri juega en casa, la presión también puede convertirse en una fuerza que nace desde las tribunas.

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