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F1: La tragedia de los Hermanos Rodríguez y cómo el autódromo fue nombrado en su honor

Antes de recibir el nombre con el que ganó su popularidad, en 1971, el espacio tenía el nombre de Circuito Magdalena Mixhuca.

F1: La tragedia de los Hermanos Rodríguez y cómo el autódromo fue nombrado en su honor
Uno de los recintos nacionales de mayor relevancia. Foto: X: @autodromohr. Especial.

El Autódromo Hermanos Rodríguez se ha convertido en uno de los recintos más relevantes de todo México, entre carreras de automovilismo y hasta festivales de música. Sin embargo, el nombre que recibe el espacio parte de una tragedia que involucra dos de las más grandes figuras que la nación ha exportado mundo.

Nacidos en 1940 y 1942, respectivamente, Pedro y Ricardo fueron los hijos del adinerado Natalio Rodríguez, cuya afición a la velocidad y fortuna monetaria le permitieron comprarles vehículos a sus niños para que, desde temprana edad, practicaran para formar parte de las grandes competiciones alrededor del mundo, y así lo hicieron.

El hermano mayor, en un principio, se inclinó por las motocicletas, e incluso fue ganador en más de una ocasión del Campeonato Nacional en más de una ocasión antes de ser mayor de edad. Por su parte, el menor de la familia prontamente se obsesionó con los autos, y acompañado de su ejemplo a seguir, compitió en carreras de prestigio como la NARTH y las 24 horas de Le Mans. No fue sino hasta la adultes que ambos llamaron la atención de una escudería de la F1: Ferrari.

La primera tragedia: Ricardo Rodríguez

Con solo 19 años, el joven Ricardo firmó contrato con el equipo de Enzo Ferrari, lo que hasta la fecha lo mantiene como el único mexicano en firmar con la escudería de manera oficial. Con su monoplaza, logró competir en el Gran Premio de Italia de 1961, así como en los Grand Prix de Bélgica y Alemania de 1962.

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Una de sus más grandes ambiciones era correr en el Premio de México, que aunque formaba parte del calendario, no era puntuable, razón por la que el equipo no quiso asistir. Decidido a no perderse la oportunidad de competir frente a su gente, Rodríguez consiguió el permiso para correr para el equipo privado de Rob Walker: su último error.

Tan pronto como en el día de prácticas, el azteca perdió el control de la monoplaza y se estrelló con una barrera en la infame curva peraltada del entonces llamado Autódromo Magdalena Mixhuca. Según declaró en vida, al muchacho no le gustaba usar el cinturón de seguridad por miedo a que un choque no lo matara, pero que el incendio de su auto sí. Fue precisamente este detalle el que le costó la vida de manera inmediata tras múltiples fracturas. Irónicamente, todo sucedió el 1 de noviembre de 1962, día de muertos.

Ricardo Rodríguez. Foto: grandprix247.

Una década después, lo sigue Pedro

Aunque el primogénito de la familia recibió una invitación para sumarse al mismo equipo, decidió rechazar para no perder de vista sus otros negocios. No obstante, siempre aceptó con gusto todas las ocasiones en que distintas escuderías le permitieron participar con sus coches, incluidos los de Ferrari. Su desempeño fue tal que logró ser el primer nacido en México en ganar un Gran Premio de la F1: el de Sudáfrica, en 1967, y el de Bélgica en 1970.

Un año después de su segunda máxima gloria, en 1971 la muerte le ganó la carrera, específicamente, las 200 millas de Norisring, en Alemania. Fue en la vuelta 12 que una de sus llantas delanteras se despegó, lo que lo mandó a impactarse con una pared. Luego de ser rescatado de entre las llamas, los médicos informaron que no solamente se había fracturado el cráneo y la pelvis, sino que se había quemado una cuarta parte del cuerpo. Nada pudieron hacer para evitar que diera su último respiro.

Pedro Rodríguez. Foto: Motosport.

El autódromo, un homenaje

Si Ricardo hubiera decidido no asistir a México en aquella semana de 1962, habría vivido lo suficiente para descubrir que, un año después, la carrera formaría parte del Campeonato Mundial. Aun así, su nombre sí formó parte del Gran Premio, pues la dirección local del autódromo decidió renombrarlo en su honor en 1963.

Una vez que su hermano lo acompañó al plano celestial, fue nada más ni nada menos que el propio presidente de México, Luis Echeverría, quien decidió cambiar el nombre otra vez al que se le conoce hasta el día de hoy. La Fórmula 1, por su parte, retiró el GP de México esa misma temporada, al ya no haber pilotos que representaran a la nación. No fue sino hasta 1986 que volvió a ser incluido en el calendario.

 

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