Michael Schumacher es una de las figuras más grandes en la historia del deporte mundial. Su nombre quedó asociado para siempre a la Fórmula 1, a Ferrari y a una era dorada marcada por títulos, récords y dominio absoluto. Sin embargo, lejos de los circuitos, el piloto alemán también protagonizó episodios curiosos que pocos conocen y que lo vinculan directamente con el fútbol argentino.
En abril de 1998, el corredor llegó a Buenos Aires para disputar lo que sería el último Gran Premio de Fórmula 1 en el país. La ciudad vivía días de intensa expectativa por la presencia de las máximas figuras del automovilismo, pero nadie imaginaba que el campeón alemán terminaría pisando una cancha de fútbol, mezclado entre juveniles y futuras figuras del deporte nacional.
Lo que comenzó como una visita protocolar terminó convirtiéndose en una anécdota inolvidable para Racing Club y para quienes estuvieron presentes. Entre entrenamientos, cámaras y sorpresa generalizada, "El Káiser" mostró una faceta distinta, competitiva y apasionada, que dejó huella en Avellaneda y sumó un capítulo inesperado a su historia personal.
El entrenamiento inesperado en Racing Club
Durante su estadía en el país, Schumacher fue invitado a participar de una práctica de las divisiones juveniles de Racing Club en el predio de Canning. Los jugadores llegaron creyendo que disputarían un amistoso ante la Selección argentina Sub-20, pero el escenario cambió por completo cuando apareció el piloto alemán acompañado por periodistas.
Se armaron dos equipos de nueve jugadores y Michael no dudó en pedir jugar de delantero. Rápido, intenso y participativo, sorprendió a todos con su movilidad y lectura de juego. En ese partido informal convirtió dos goles, uno de ellos definiendo con una notable sutileza ante el arquero, lo que generó admiración entre los juveniles.
Entre los presentes se encontraban futbolistas que luego tendrían una carrera destacada, como Diego Milito. Para muchos de ellos, compartir cancha con una leyenda del deporte mundial fue una experiencia tan inesperada como inolvidable.
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El gesto que lo unió para siempre a la Academia
Una vez finalizado el entrenamiento, Schumacher se quedó elongando junto a los jugadores de “La Academia”, mostró con orgullo un raspón producto de un choque y compartió el momento con total naturalidad. Como gesto de agradecimiento, regaló su camiseta, medias y pantalón a los juveniles con los que había jugado.
Pero el vínculo no terminó ahí. Ese mismo día, el piloto alemán decidió asociarse oficialmente al conjunto de Avellaneda. Desde entonces, según recuerdan quienes estuvieron presentes, expresó su simpatía por la institución y se consideró un hincha más del club, dejando una marca que todavía hoy se recuerda con orgullo.
¿Cómo salió Michael Schumacher en el Gran Premio de Argentina?
Cuatro días después de aquel entrenamiento, Schumacher volvió a enfocarse en lo suyo. El 12 de abril de 1998 se disputó el Gran Premio de Argentina en el Autódromo Oscar Alfredo Gálvez, una carrera que quedaría en la historia por ser la última de la Fórmula 1 en suelo argentino.
Con una actuación contundente, el alemán se quedó con la victoria a bordo de su Ferrari, sacándole más de 22 segundos de ventaja a Mika Häkkinen; Eddie Irvine completó el podio. Fue un cierre perfecto para una semana única, en la que la leyenda de las pistas no solo ganó en la carrera, sino que también dejó una huella imborrable en el fútbol argentino y en Racing Club.
