El patinaje artístico español tuvo en Milano Cortina 2026 una de las historias más singulares de los Juegos Olímpicos de Invierno. Tomàs-Llorenç Guarino Sabaté, nacido en Sabadell y formado a contracorriente en un deporte minoritario en su país, logró que su debut olímpico trascendiera más allá de las puntuaciones y los saltos ejecutados sobre el hielo.
Su aparición vestido como un Minion (camiseta amarilla, overol azul y una coreografía cargada de guiños al cine) rompió con la solemnidad habitual de la disciplina y generó un impacto inmediato entre el público. Aficionados, medios internacionales y redes sociales convirtieron su programa en uno de los más comentados del torneo, destacando la originalidad y el carisma del patinador catalán.
La repercusión fue tal que la historia trascendió lo deportivo. El vestuario y la música elegida abrieron un inesperado debate sobre derechos de autor en eventos olímpicos y colocaron al deportista europeo en el centro de una negociación de último momento con un gigante de Hollywood, una situación poco habitual para un deportista de una federación pequeña.
¿Por qué Guarino eligió vestirse de Minion en los Juegos Olímpicos?
La elección del personaje no fue un simple golpe de efecto. Guarino buscó desde el inicio de la temporada un programa que conectara con el público y reflejara su personalidad dentro de la pista. Inspirarse en los “Minions” le permitió combinar humor, energía y una narrativa clara, algo que valoran tanto los jueces como los espectadores en un ejercicio largo.
El patinador ya había presentado esta rutina en competiciones previas, donde se convirtió en uno de los favoritos de los aficionados por su frescura y su capacidad para romper moldes en una disciplina tradicionalmente más clásica. La respuesta positiva reforzó su convicción de llevar ese mismo programa al escenario más grande posible: los Juegos Olímpicos.
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El conflicto por los derechos musicales y la resolución de último momento
Sin embargo, no todo fue color de rosas para el patinador al inicio de todo esto. El gran obstáculo apareció días antes de la ceremonia inaugural, cuando surgieron problemas con la autorización del “popurrí musical” de la franquicia de Universal Studios. A pesar de haber seguido el protocolo habitual de la ISU (Unión Internacional de Patinaje sobre Hielo) y de haber competido previamente con ese mismo programa, la falta de confirmación definitiva puso en riesgo su rutina olímpica.
La reacción, por supuesto, fue inmediata. Aficionados de todo el mundo impulsaron una campaña en redes sociales y el caso llegó a medios internacionales. Finalmente, tras intensas gestiones y conversaciones clave (incluida la intervención del entorno de Pharrell Williams), Tomás obtuvo el permiso para utilizar las cuatro piezas musicales y pudo presentar su programa tal como lo había concebido.
Su debut olímpico
Con la música autorizada y el traje de Minion sobre el hielo, Guarino cerró una historia de perseverancia que resume su carrera: entrenamientos en distintos países, estudios a distancia y años de sacrificio para llegar a la élite. Su actuación en Milán no solo le valió una ovación y una puntuación destacada, sino también el reconocimiento de haber llevado creatividad y cercanía a un escenario donde cada detalle suele estar milimétricamente controlado.
A sus 26 años, el catalán demostró que incluso desde una federación pequeña se puede dejar huella en unos Juegos Olímpicos, combinando talento deportivo con una historia capaz de conquistar al público global.
