Pensar en Roger Federer como futbolista parece una idea lejana hoy en día, pero durante su infancia fue un escenario completamente real. Antes de convertirse en una leyenda del tenis, el suizo soñaba con triunfar en el fútbol, deporte que practicaba con frecuencia y en el que incluso destacaba dentro del campo. Sin embargo, el destino tenía otros planes.
A medida que crecía, la leyenda europea comenzó a inclinarse cada vez más por la raqueta y la pelotita, disciplina en la que encontraba mejores resultados y una conexión distinta con la competencia. Esa decisión, que fue tomada a una edad temprana, terminaría marcando el rumbo de una de las carreras más exitosas en la historia del deporte.
Lejos de ser una elección casual, esto tuvo una razón de fondo. La mentalidad competitiva de Roger y su forma de entender el deporte lo llevaron a optar por un camino en el que pudiera asumir completamente la responsabilidad de cada resultado, algo que el fútbol, como deporte colectivo, no le permitía del todo.
La confesión de Federer sobre por qué dejó el fútbol
El propio Federer explicó en distintas entrevistas las razones que lo llevaron a abandonar el fútbol a los 12 años, cuando su calendario en el tenis ya comenzaba a ser cada vez más exigente.
“Yo jugaba al fútbol, pero elegí el tenis porque no quería culpar al portero por las derrotas. Quería culparme a mí mismo”, confesó en una charla con Vogue.
Esa frase resume su mentalidad, siendo un competidor que prefería depender exclusivamente de su rendimiento. Además, reconoció que el tenis le ofrecía mayor control sobre lo que ocurría dentro de la cancha, algo que resultaba clave para alguien que odiaba perder.
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La pasión que encontró Roger Federer en el tenis
A diferencia del fútbol, donde el rendimiento colectivo influye directamente en el resultado, “Su Majestad” encontró en la raqueta un entorno donde cada victoria o derrota dependía únicamente de él. Esa sensación de control fue determinante para inclinar la balanza.
“Era un poco mejor y sentía que tenía la situación bajo control: ganar o perder dependía de mí”, explicó en otra entrevista. Además, desde joven comenzó a destacar en torneos locales e internacionales, lo que reforzó su decisión de apostar definitivamente por la raqueta.
Con el paso del tiempo, esa elección lo llevó a conquistar 20 títulos de Grand Slam y a ser considerado por muchos como el mejor tenista de todos los tiempos. Y, como si fuera poco, el “inventor” de un nuevo estilo de juego.
Su pasado futbolero y el vínculo que nunca se rompió
Pese a haber dejado el fútbol, Roger nunca perdió su conexión con el balón. Durante su infancia jugaba como mediocampista ofensivo o delantero, y él mismo ha señalado que tenía cualidades de liderazgo que podrían haberlo llevado a ser capitán de un equipo.
Además, mantiene un fuerte vínculo con el FC Basel, equipo del que es aficionado y al que sigue de cerca incluso después de su retiro del tenis.
