Los Washington Commanders dieron un paso clave hacia el futuro al presentar las primeras imágenes de su nuevo estadio de clase mundial, un proyecto que busca redefinir la experiencia deportiva y de entretenimiento en la capital de Estados Unidos. El recinto, completamente techado y con capacidad para más de 70.000 espectadores, está pensado como un espacio activo durante todo el año, combinando deporte, eventos culturales y participación comunitaria.
El diseño está a cargo de HKS, una firma de arquitectura con amplia trayectoria en estadios icónicos de la NFL. La propuesta no solo apunta a la modernización de la infraestructura del equipo, sino también a convertirse en un motor de desarrollo urbano, integrándose con el entorno y generando valor sostenible para los residentes del Distrito de Columbia.
Ubicado en el histórico predio del RFK Stadium, el proyecto respeta la identidad del lugar y su peso simbólico, al mismo tiempo que propone una visión contemporánea. Con foco en la accesibilidad, los espacios verdes y la conexión con el río Anacostia, el estadio se perfila como un nuevo punto de encuentro para la ciudad, con finalización estimada para el año 2030.
Un estadio pensado para la ciudad y su gente
El nuevo estadio fue concebido como algo más que la casa de los Commanders. Al menos el 30 % del terreno estará destinado a recreación activa y pasiva, con plazas públicas, zonas verdes y espacios abiertos que amplían la experiencia del paseo marítimo existente. La idea central es que el complejo funcione como un espacio urbano vivo, incluso en días sin partidos.
Además, el diseño prioriza la integración con el transporte público y el tejido urbano, reforzando el vínculo entre el centro histórico de Washington y los barrios cercanos. Este enfoque busca garantizar un impacto positivo a largo plazo, tanto en lo social como en lo económico, generando empleo y oportunidades para empresas locales.
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Diseño icónico, identidad y legado
Desde lo arquitectónico, el estadio contará con una cúpula transparente y esculpida que definirá su silueta, respetando los ejes visuales de la ciudad y los monumentos nacionales. La estructura se inspira en el legado del antiguo RFK, con una fuerte sensación de apertura y continuidad entre el espacio público y el interior, reforzada por una columnata perimetral.
Tanto desde el club como desde las autoridades locales, el proyecto fue presentado como un símbolo de orgullo cívico. El presidente del equipo, Mark Clouse, y la alcaldesa Muriel Bowser coincidieron en destacar el carácter transformador del estadio, llamado a convertirse en un nuevo ícono de Washington y en el corazón de una zona en plena renovación urbana.
