El nombre de Richard Norris Williams II quedó grabado en la historia por una combinación casi imposible. Aunque parezca incierto, sobrevivió a una de las mayores tragedias marítimas, el hundimiento del Titanic, y, años después, se convirtió en una figura destacada del tenis mundial.
A 114 años del suceso del Titanic, su caso sigue siendo uno de los más impactantes. No solo logró salir con vida de las heladas aguas del Atlántico Norte, sino que enfrentó una amenaza aún más dura, que fue la posibilidad de perder ambas piernas: algo que habría terminado con su carrera deportiva antes de comenzar.
Lejos de rendirse, éste desafió todos los pronósticos médicos y físicos. Con una determinación fuera de lo común, no solo evitó la amputación, sino que regresó a las canchas en cuestión de semanas, iniciando un camino que lo llevaría a convertirse en campeón de Grand Slam y medallista olímpico.
El drama del Titanic y la lucha por sobrevivir
La historia de Williams dio un giro radical en abril de 1912, cuando abordó el reconocido Titanic junto a su padre en Cherburgo, Francia, rumbo a Estados Unidos. El viaje tenía un objetivo claro: continuar sus estudios en la Universidad de Harvard y potenciar su carrera como tenista.
La noche del 14 de abril, el impacto contra el iceberg desató el caos. Richard y su padre ayudaron a otros pasajeros, pero finalmente terminaron en el agua helada. Él logró aferrarse a un bote salvavidas improvisado, mientras que su padre murió en la tragedia.
Las consecuencias físicas fueron devastadoras. Sus piernas quedaron completamente congeladas, y ya en el barco de rescate, el RMS Carpathia, los médicos recomendaron amputarlas para evitar gangrena. Su respuesta fue tajante: se negó y decidió caminar constantemente, incluso de madrugada, para recuperar la circulación. Y, contra todo pronóstico, lo logró.
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De sobreviviente a campeón: su carrera en el tenis
Lo que vino después fue igual de sorprendente. Apenas 12 semanas después del desastre, Norris ya estaba de regreso en las canchas. Aunque nunca recuperó completamente la sensibilidad en sus piernas, eso no le impidió competir al máximo nivel. Se convirtió en uno de los grandes nombres del tenis de su época, destacándose por su estilo agresivo y su mentalidad competitiva.
Entre sus logros más importantes aparecen:
- Campeón del US Open (1914 y 1916)
- Títulos en dobles en Wimbledon
- Participaciones clave en la Copa Davis
- Medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París 1924 en dobles mixtos
En ese torneo olímpico, incluso jugó lesionado del tobillo. Estuvo cerca de retirarse, pero su compañera lo convenció de seguir.
Se recibió y participó en la Primera Guerra Mundial
Además de su carrera deportiva, también tuvo una vida académica y profesional destacada. Estudió en Harvard, donde fue campeón interuniversitario, y luego participó en la Primera Guerra Mundial como voluntario, siendo condecorado por su servicio. Tras retirarse del tenis, se dedicó al mundo de las inversiones en Filadelfia, donde construyó una sólida carrera. Su disciplina y enfoque, los mismos que lo salvaron en el Titanic, también marcaron su éxito fuera del deporte.
A pesar de todos sus logros, Williams nunca fue una figura mediática. De hecho, evitaba hablar tanto del Titanic como de sus éxitos deportivos. En un gesto que refleja su personalidad, llegó a fundir 162 trofeos en una sola pieza y utilizó otro como objeto cotidiano. Lamentablemente, falleció en 1968, pero su historia sigue siendo una de las más impactantes del deporte.
