El 13 de julio de 1930 comenzó, en Montevideo, un sueño que cambió para siempre la historia del deporte: el primer Mundial de fútbol organizado por la FIFA. Uruguay fue elegido como sede por varias razones de peso: era bicampeón olímpico (1924 y 1928), celebraba su centenario como nación independiente y, además, se ofreció a costear todos los gastos de viaje y estadía de las selecciones participantes. ¡Entérate de todo a continuación!
El país sudamericano no solo albergó el certamen: también lo ganó, reafirmando su dominio absoluto en el fútbol de la época. Con un equipo repleto de figuras y un pueblo apasionado que vivió el torneo con fervor patriótico, la selección charrúa levantó la primera Copa del Mundo tras vencer a Argentina en una final inolvidable jugada en el Estadio Centenario, construido especialmente para la ocasión.
Aquel campeonato fue más que una competencia deportiva, fue el nacimiento de una tradición global, el punto de partida de lo que hoy es el evento más popular del planeta. Y en el centro de esa historia estuvo Uruguay, el primer campeón del mundo.
¿Por qué Uruguay fue sede del primer Mundial?
En 1929, la FIFA decidió crear un torneo propio, separado de los Juegos Olímpicos. La selección celeste se postuló con una propuesta sólida: estaba dispuesto a pagar todos los gastos de las delegaciones, celebraba sus 100 años de independencia y venía de ganar dos oros olímpicos consecutivos. La federación aceptó sin dudar y designó al país como sede oficial.
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El Estadio Centenario fue levantado en tiempo récord para ser el escenario principal del Mundial. Con capacidad para más de 90 mil personas, se convirtió rápidamente en un símbolo nacional. Aunque no estuvo listo para el primer día del torneo, albergó la mayoría de los partidos y, por supuesto, la gran final.
Participantes y formato
Solo 13 selecciones participaron: siete de Sudamérica, cuatro de Europa y dos de Norteamérica. El viaje en barco y los costos hicieron que muchas potencias europeas no asistieran. Los equipos fueron divididos en cuatro grupos, y solo el primero de cada zona avanzaba a semifinales.
El camino de Uruguay hacia el título
Uruguay debutó en el Grupo 3 y venció 1-0 a Perú y 4-0 a Rumania, clasificando a semifinales. Allí goleó 6-1 a Yugoslavia, desplegando un fútbol veloz, técnico y contundente. En la final se enfrentó a Argentina, su clásico rival regional, en un duelo cargado de tensión y expectativa.
El 30 de julio de 1930, ante más de 90 mil almas presentes, el combinado charrúa remontó un 1-2 parcial y venció 4-2 a la Albiceleste con goles de Dorado, Cea, Iriarte y Castro. El presidente uruguayo de aquel momento, Juan Campisteguy, entregó la copa Jules Rimet a José Nasazzi, capitán del equipo campeón.
Figuras del título
José Nasazzi, Pedro Cea, Héctor Scarone y Enrique Ballestrero fueron algunos de los nombres clave del combinado uruguayo. El equipo dirigido por Alberto Suppici (con solo 31 años) se apoyó en su experiencia olímpica y en una generación dorada de futbolistas.
Además de marcar el nacimiento de los Mundiales, el título de Uruguay cimentó su lugar entre los grandes del fútbol. Décadas después, la FIFA reconocería ese triunfo como una de las hazañas más importantes de la historia del deporte.
